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¿POR QUÉ LA GEOPOLÍTICA ENTRÓ EN DECADENCIA?

 

Tras la Segunda Guerra Mundial la geopolítica quedó desacreditada y relegada al más completo ostracismo, lo que contrasta con la fase previa correspondiente al periodo de entreguerras en el que se produjo su apogeo. Por tanto, más que una decadencia deberíamos hablar de un corte dramático y repentino en el desarrollo de la geopolítica, pues la decadencia implica cierta gradualidad en un proceso de progresiva debilidad.

A decir verdad las razones que explican la virtual desaparición de la geopolítica en el ámbito tanto académico como mediático tras la Segunda Guerra Mundial son relativamente fáciles de exponer. La geopolítica, y más concretamente la Geopolitik, fue una fuente de conocimiento que fue utilizada por el Estado alemán para justificar sus ambiciones expansionistas e imperialistas en Europa. Esto hizo que a ojos de las potencias vencedoras, y más concretamente de sus respectivas opiniones públicas, la geopolítica fuese asociada con el nazismo y que fuese considerada un instrumento que contribuyó al desencadenamiento de la guerra.

Como consecuencia de lo anterior la geopolítica suscitó una condena casi unánime tras 1945, lo que hizo que perdiera todo el prestigio que tuvo hasta aquel momento. Esto hizo que desapareciese de la escena política y académica, hasta el punto de que tuvieron que pasar bastantes décadas para que reapareciese en medios académicos y fuese reintroducida ante la opinión pública.

Sin embargo, hay que decir que esta identificación entre geopolítica y nazismo fue en gran medida el resultado de la propaganda de guerra, el sensacionalismo de algunas publicaciones y su deseo de hacer dinero. De hecho la mayor parte de la deformación de la geopolítica ante la opinión pública internacional es atribuible principalmente a las publicaciones americanas. Nos referimos concretamente a artículos que aparecieron en revistas como Life y el Reader’s Digest, y que en gran medida fueron las iniciadoras de esta asociación entre geopolítica y nazismo. Con el desencadenamiento de la guerra y todos los sucesivos acontecimientos dramáticos que la envolvieron, la propaganda de guerra hizo un uso interesado de dicha asociación.

Los artículos que se escribieron sobre la geopolítica en la prensa occidental, y más específicamente en la americana, se caracterizaron por tres rasgos comunes. El primero es que especificaron la geopolítica como un elemento decisivo para entender los fines de la política exterior nazi. El segundo fue la centralidad que en estos artículos ocupó la figura de Karl Haushofer como una especie de supercerebro que actuaba entre bastidores, dictando las principales directrices del Estado alemán en materia internacional. Y en tercer lugar encontramos la mezcla de hechos y ficción para crear una narrativa sensacionalista en torno a Hitler y el nazismo.[1]

Juntamente con los medios de comunicación hay que añadir el papel desempeñado por la intelectualidad, y de cómo desde ámbitos académicos diferentes autores desataron una campaña de descrédito contra la geopolítica al culpabilizarla de ser un instrumento encargado de legitimar el expansionismo alemán e incluso de la ideología nazi. Todo esto contribuyó a crear un ambiente de desinformación, manipulación y tergiversación de la geopolítica en el que algunas expresiones de esta eran presentadas como elementos definitorios de la misma.

El resultado de lo anterior fue que los efectos de esta identificación fuesen duraderos y negativos al suponer el rechazo rotundo de la geopolítica, hasta el punto de que esta palabra dejó de ser utilizada por las connotaciones negativas con las que quedó asociada. Esta circunstancia es la que hizo que, sobre todo en el mundo anglosajón, la geopolítica fuera identificada como una forma de geografía bastarda dirigida a satisfacer determinadas ambiciones políticas.

Al ostracismo de la geopolítica le acompañó el silencio de los medios académicos que se resistieron a tocar esta cuestión, hasta el extremo de que quienes trataron de recuperar el concepto de geopolítica y valorizarlo tras el final de la Segunda Guerra Mundial sufrieron una crítica feroz como ocurrió con Ladis Kristof en 1960. Este politólogo de origen austriaco intentó rehabilitar este término y únicamente se granjeó la fiera censura de otros académicos.[2]

El clima intelectual de hostilidad hacia la geopolítica lo ejemplificó con claridad uno de los principales referentes de la geografía en aquel entonces, el profesor Richard Hartshorne, quien públicamente catalogó la geopolítica como un veneno intelectual. Al igual que otros académicos consideraba que la geopolítica era intelectualmente fraudulenta e ideológicamente sospechosa por su vinculación con el nazismo, pero también con políticas genocidas, racistas y expansionistas.[3]

No fue hasta la década de 1970 que la geopolítica no fue recuperada. Hasta aquel momento permaneció circunscrita a estudios estratégicos ligados a la seguridad nacional que, dicho sea de paso, fueron desarrollados por lo general por autores que no eran geógrafos. Sin embargo, sí es importante destacar que el ostracismo que la geopolítica sufrió en Occidente, e incluso en Oriente donde la URSS la condenó públicamente a pesar de que en la práctica la utilizó, emergió en países como Argentina, Chile o Brasil. Generalmente la geopolítica de aquellos países estuvo estrechamente unida a los círculos militares, ámbito en el que recibió una creciente atención.

Así pues, salvo algunas excepciones, no hubo literatura verdaderamente relevante en el ámbito específico de la geopolítica y ni tan siquiera bajo otros nombres entre 1950 y 1970, tal y como lo demuestran diferentes estudios en los que es abordada esta cuestión.[4] Fue de la mano de Henry Kissinger como la geopolítica comenzó a recuperar relevancia y a abandonar su histórico ostracismo.

 

[1] La investigación realizada por Gearóid Ó Tuathail sobre la narrativa que se generó en torno a la geopolítica es bastante elocuente al mostrar los pormenores de este proceso de denigración que condujo a su definitivo ostracismo en la postguerra. Ó Tuathail, Gearóid, ““It’s Smart to Be Geopolitical” Narrating German Geopolitics in U.S. Political Discourse, 1939-1943” en Ó Tuathail, Gearóid, Critical Geopolitics, Minneapolis, Borderlines, 1996, pp. 111-140

[2] El protagonista de esta crítica fue Lewis Alexander, quien afirmó que el concepto de geopolítica debía ser abandonado completamente, que nada de valor había en la geopolítica que fuese abarcado por la geografía política, y que por todo esto el término de geopolítica únicamente debía ser utilizado en relación a sus connotaciones históricas. Alexander, Lewis, “The New Geopolitics: A Critique” en Journal of Conflict Resolution Vol. 5, Nº 4, 1961, pp. 407-410

[3] Hartshorne, Richard, “Political Geography” en James, Preston E. y Clarence F. Jones (eds.), American Geography: Inventory and Prospect, Syracuse, Syracuse University Press, 1954, pp. 211-214

[4] Walters, Robert E., Sea Power and the Nuclear Fallacy: A Reevaluation of Global Strategy, Nueva York, Holmes and Meier, 1975. Gray, Colin S., The Geopolitics of the Nuclear Era, Nueva York, Crane Russak, 1977. Zoppo, Ciro E. y Charles Zorgbibe (eds.), On Geopolitics: Classical and Nuclear, Dordrecht, Martinus Nijhoff, 1985